lunes, 25 de abril de 2011

Tres andas de grandes dimensiones

El Viernes Santo es el dìa màs esperado por los guatemaltecos que no viajan y disfrutan de los cortejos procesionales que recorren las calles del Centro Històrico, alrededor de las 14:30 horas salen de las iglesias El Calvario, La Recolecciòn y Santo Domingo los tres Santos Entierros que son admirados por sus grandes dimensiones y el nùmero de cargadores que las llevan sobre sus hombros.

Sobre un mueble adornado por uvas y doce querubines en sus extremos es cargado el Cristo del Amor de la iglesia de Santo Domingo. La procesiòn màs pequeña en dimensiones (20 metros de largo por 4.3 de ancho) es trasladada por 108 personas por turno. La caracterìstica de esta procesiòn es que la imagen de Jesùs esta dentro de una urna de vidrio con filetes y adornos de oro.

El Cristo de la Penitencia de la iglesia del Santìsimo Nombre de Jesùs, La Recolecciòn, cuenta con un mueble para su procesiòn que mide 25 metros de largo y 4.5 metros de ancho y en sus esquinas tiene angeles que lloran, ademàs el anda esta adornada por escenas del Santo Viacrucis y en el frente tiene una placa de plata que representa a la Santa Cena. Esta procesiòn es cargada por 120 personas por turno. Llama la atención que esta procesiòn muestra el cuerpo de Jesús lacerado para que las personas puedan imaginar el sufrimiento de la pasiòn de Cristo.



El cortejo procesional màs extenso es el de la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, El Calvario. Esta procesiòn cuenta con el recorrido y el anda màs grandes del Viernes Santo, son 140 cargadores por turno que llevan sobre sus hombros un mueble que mide 27 metros de largo por 4 de ancho y su adorno consta de columnas barrocas y al frente un arreglo floral o de corozo. La imagen del Cristo Yacente muestra cada cuatro años a Jesùs sin ropas y expone su cuerpo. Tambièn es conocida esta escultura como el Cristo de los Pobres.

Estas tres procesiones llaman la atención de los guatemaltecos y en especial a la comunidad catòlica, que abarrota las calles ese dìa para encontrar el paso de estos cortejos que son considerados entre los màs grandes de Amèrica y el mundo.

viernes, 22 de abril de 2011

Daniel Chauche - Fotografo Documentalista Guatemalteco






Fotògrafo Franco-Guatemalteco especializado en Fotografìa Documental Guatemalteca su trabajo es considerado uno de los màs grandes aportes a la historia de Guatemala por capturar crudas imágenes del conflicto armado interno y realizar trabajo de investigación gràfica que hoy en dìa es referencia para muchos investigadores.

A los 25 años Daniel Chauche decidió radicarse en Guatemala y aquí ha vivido más de la mitad de su vida. Llegó por primera vez a finales del 75, junto con su ex esposa, una antropóloga, y se aposentaron en San Juan Sacatepéquez.Allí pasaron el terremoto del 76 y se involucraron en el trabajo comunitario. De esa experiencia surgió su primera serie sobre el país, en la que ya se encuentran definidas las líneas que fundamentarán lo más importante de su trabajo.








Los domingos llegaba al mercado y, como aquellos fotógrafos ambulantes de antaño, ofrecía sus servicios por dos o tres quetzales. Fue así como se fue integrando de lleno en el mundo de los sanjuaneros, en sus historias, en sus paisajes.

En los 80, cuando regresó para quedarse definitivamente, comenzó su recorrido a profundidad por estas tierras. Indagó en todos sus rincones y en todos sus rostros. Fue del altiplano a la costa y también curioseó por otras partes. Retrató lo terreno y lo divino. Al hombre y al santo. A los muertos y a los vivos. Encontró rituales y tradiciones, relatos públicos y privados.








Vivió la oscura historia de este país desde la perspectiva del hombre común y guardó en su cámara los vestigios y las heridas que nos iba dejando la guerra. El resultado es una de las más importantes documentales fotográficas que se han hecho sobre la Guatemala de finales del siglo XX. Sobre esa Guatemala que empieza a desvanecerse en el olvido, a oscurecerse totalmente, víctima de la amnesia colectiva.

La mirada de Daniel es precisa, penetrante, sensible y profundamente humana. Aún si se ve envuelto en las circunstancias históricas, políticas y culturales, rescata sobre todo al hombre y comprende que es a partir de este que toma sentido el paisaje. Rehúye del lugar común y del exotismo y nos entrega los rasgos y las huellas de una identidad con la que no terminamos de reconciliarnos.